Mi padre me educó para que me sintiera superior por mi inteligencia y mi cultura. No es que yo sea especialmente culta ni lista, pero al lado del 80% de la gente de mi edad que no sabe hacer la O con un canuto, supongo que culturalmente, estoy un poco por encima.
Supongo que no se dio cuenta, pero hacerme sentir superior por algo así, también implica que me tengo que sentir inferior cuando llega alguien más inteligente y más culto que yo. Con el paso de los años me he dejado llevar un poco por la ignorancia. Leo menos, aparqué mi vena pintora, y cambié a Woody Allen por series de vampiros. Como la gente de la que me rodeaba era igual que yo y no me juzgaba por ello, no me di cuenta o me dio igual.
Pero ahora, en la universidad, cursando filología y al lado de una persona que me lleva años de ventaja; sí, no puedo evitar sentirme inferior. De hecho, cuando conocí a esta persona, me entraron las prisas por alcanzarla. me leí en dos meses varios clásicos que tenía pendientes y comencé un ciclo de cine de grandes directores. Después me di cuenta de que me era imposible alcanzarla. A ella le gusta la cultura, a mi me gusta que me consideren culta. Será eso? No tengo que sentirme inferior! me grito a mi misma. Todos estos años de buen cine, buena música y buena literatura te han hecho quien eres, deberías sentirte orgullosa por ello y no envidiosa de alguien de tu misma corriente. No deberías intentar ser como nadie más, disfruta de lo que conoces, de lo que te gusta, disfruta con los placeres banales también.
Pero entonces pienso, que diría mi padre?
Él, que se ha pasado toda su vida intentando superarse a si mismo para poder ser una de esas personas, él que es un intelectual desde la cuna y no, no le viene de familia. Que ha intentado hacer de mi otra persona como él, me diría que siempre puedo cultivarme más, que siempre hay algo que aprender, que siempre puedo ser mejor de lo que soy, de alguna manera. Pues no veo que el saber le haya hecho feliz. No puede disfrutar de una película si la banda sonora la toca un mal violinista, ni de una canción si el reproductor es de mala calidad, ni puede disfrutar de una historia si está escrita de manera algo simplona. Alcanzar la perfección limita su felicidad en todos los ámbitos de su vida, y aunque a veces he sentido esa sensación, me alegro de haberme librado con los años de su yugo de la perfección, aunque haya sido doloroso ver como cada vez me alejaba más de su idea de la hija perfecta.
Es cierto, le culpo de todos los traumas de mi vida y de todas las cosas malas que hago, no puedo evitarlo. Mi madre siempre eligió la felicidad antes que la perfección, y aunque no siempre ha elegido bien, al menos se guía por sus sentimientos, es libre de elegir algo por que le gusta, sin más, sin parase a pensar si no habrá algo mejor.
Con dos padres tan diferentes, sin embargo, siempre me he sentido más influenciada por mi padre. Me impresionaba más su manera de ver la vida. Me imponía, su manera de ver la vida. "No existe eso de "para gustos los colores" - me decía - "si algo es bueno, lo es. Si algo es malo, lo es."
No creo que nunca llegue a conocerme, por que nunca aceptaría como soy en realidad.