Entro en el vagon con los cascos en la mano, preparada para soportar la mezcla de olores bajo esa insoportable luz balnquecina. Me siento, y me los coloco. Antes de que el tren se mueva, ya le he dado al play y suena la canción. "Zombie". Es un poco melancólica, a juego con mi estado de ánimo. Estoy apagada. Aparentemente, no tengo motivos para estar triste. Pero las palabras se cuelan en mi cabeza removiendo mis recuerdos, buscando algo con lo que darme la estacada que me hunda. Lo noto. Sé que no llegaré a casa feliz. Llegamos a la siguiente parada, y la canción se acaba. Empieza Yoü & I, y de repente, una pareja entra en el vagón. Son mayores, entre los veinte y los treinta, pero se portan como críos. Se están.... mordiedo? Se susurran cosas y se besan torciendo la cabeza en ángulos incómodos, y ella ríe con ese acento de enamorada que conozco también.
La parte instrumental de la canción acaba y empieza la letra. Miro mi reflejo en la ventana del asiento vacío de enfrente. Y entonces las palabras me golpean como un puñetazo en el estómago: It's been a long time since i came around, been a long time but i'm back in town...
Frunjo los labios. Los recuerdos suben flotando a la superficie como un cadaver olvidado en el fondo del mar: putrefactos y malolientes, carentes de la belleza que una vez tuvieron. Él y yo, en ese mismo vagón. Nuestras manos entrelazadas y las miradas furtivas. Los besos tímidos, suaves. Y dos años después. Él y yo, en aquel mismo asiento. Su brazo por encima del mío, su mano acariciando mi cara. Esta vez sus palabras eran seguras. "Te echaba de menos". Y su boca tan sugerente cómo prohibida. Y mis miradas nerviosas y esquivas.
La canción ha vuelto a cambiar. "You". You don't need me no, you don't want me...
Otra sacudida. Los ojos me escuecen. La mujer, joven pero demacrada que se sienta cerca de mi parece tan triste como yo. Me mira cómo si quisiera acercarse a preguntarme por qué demonios parece que voy a hecharme a llorar.
Noto las lágrimas calientes a punto de desbordarse. Con el dedo índice las aparto antes de que caigan.
Como cada vez que me acuerdo de ti, me sorprende la facilidad con la que lo que sentía pasó de ser lo justo, a ser demasiado. Podría decir que me ahogué en tus ojos azul mar, y que me conquistó desde el primer día tu sonrisa romanticona. pero lo cierto es que me enamoré de ti, simplemente, y tardé en hacerlo dos años. Dos años en los que nuetra historia cambió y se retorció. Y las peleas eran un día sí y otro también. Pero como siempre le pasa a la mala de la palícula, no fui consciente de que te quería de verdad hasta el día en que te perdí, cuando apareció ella. Con ese "algo" que te gustó de mi y eso "otro" que me veías aunque no lo tuviera, pero además, con la ventaja de que ella pareció corresponderte al instante.
Y supongo que estaba escrito en el destino. Yo jugué contigo, y dos años después, tu has jugado conmigo. Es justo odiarte? No lo sé. Puede que no.
Cuando salgo del metro, no puedo reprimir más las lágrimas. En mi cabeza suena a todo trapo "Wish you were here". Corro hasta el banco próximo y caigo rendida con la cara empapada. Y un pensamiento me asalta.
Es curiso por que te odio y llevo meses esquivándote. Ignorándote. Odiandote dolida. pero si alguna vez la fuerza del destino nos vuelve a cruzar, y el universo nos regala un amor mutuo... Aunque sea contra el mundo entero, me dejare la piel para estar contigo. Aunque todo sea mentira. Aunque estés jugando conmigo de nuevo. Aunque todos me digan el error que estoy cometiendo, sé que nada me importará si puedo estar contigo.
Y nunca, nunca, te olvidaré, Rubio.
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