13 de julio de 2012

Sus ojos marrones fueron lo primero que me llamó la atención. Se sentó a mi lado y ni le vi, es la verdad. Y comenzó a hablarme. Yo me hice la loca. "Otro entrometido", pensé. Pero cuando le vi bien, solo podía ver sus intensos ojos marrones. Esos ojos no pegan en un idiota que se emborracha y busca pasar un buen rato con una chica ébria y desesperada. Le odié a los pocos minutos. Y durante el resto de semanas seguí odiándole. Se metía en mi vida y se reía de mi con sus estúpidos amigos. El perfecto bufón, era. Y cuanto más le odiaba, más increíbles me parecían sus ojos.
Cada día llegaba a clase y me saludaba jocoso y yo respondía con una mueca de asco o desdén. Pero si algún día saludaba a mis amigas y no a mi, o si las bromitas se las hacía a ellas, a mi me escocía y le odiaba aún más por ligón insoportable.
Y así, entre chistecitos y odio barato, yo corté con mi novio y seguí con mi vida.

Y un día...

En un tugurio mal iluminado, ébria y desesperada...

Me pasé toda la noche y los días siguientes preguntándome POR QUE le había besado. Por que ?? Sólo fue un beso pero fue la cosa más rara que había hecho en mi vida. YO besando a ese chico!? ese imbécil chulo y arrogante que me guiñaba el ojo para enervarme. Y así entre incredulidad, miradas y cuchicheos de la gente volví a caer, una y otra vez, para su sorpresa, en sus manos tímidas. Todo es un caparazón en esta vida.

Y cuatro meses después, sigo odiándole. Pero ahora intento matarlo. A besos.

The end.

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