25 de diciembre de 2012

Basta, yo te quiero.

Sé que tú no lo sabes, pero te echo de menos.

Y no me importa, supongo, esperar a que pasen, ya no los días, sino las horas, que se me hacen eternas, que nada son sin ti, y que tendrán que tener sentido, a partir de ahora. Tenemos que dejar de ser uno, por que yo me estoy muriendo. Agotando, de ser tu sombra y de llorar sin sentido, y de gritarte por nada, sabes por qué te grito..? Por que te quiero, tristemente, y la locura de quererte hace que todo sea tan loco, que el no verte me estremezca, el no tenerte me aburra, y el no poseerte, me destruya...
Y es que no eres mío, de mi propiedad, e igual que te dije una vez que yo jamás sería tuya, que sería contigo, tú no deberías intentar ser mío, ni yo forzarte a serlo. Quiero decir. Por qué necesito tan desesperadamente que no toques o hables a otro ser hermoso que pudiera alejarte de mi, si te has esforzado en hacerme ver, y he podido ver, que no hay otras para ti, que jamás querrías a alguien como a mi? Si me has demostrado, que por más que te he mordido, y te ha dolido, te he herido y has aguantado, sigues siendo, mío? Y si lo sé, por que no lo creo ? Sabes que creo ? Que no te merezco. Tienes tus fallos, tan diminutos, tan perfectos en su imperfección, pero eres lo mejor que podré tener, nadie como tú me amará nunca, ni nadie me amará nunca, como tú. Y aún así soy tan estúpida, como lo he sido toda mi corta vida, para seguir jugando a que eres otro más. No sé, sé que soy yo, que tú no has hecho nada. Que probablemente, nunca lo harás. Que el día que esto se acabe, la culpa será mía.
Ayer hice el estúpido, y hoy te echo de menos, aunque tú no lo sepas, y no sé si lo estarás pensando.
Aún así, no me importa esperar, las horas eternas como siglos, a estar lista para quererte.

18 de diciembre de 2012

15:20, tengo hambre.

Hoy es uno de esos días de invierno perfectos, el cielo está gris, no hay nubes, no hay sol, no hay nada. Llueve, tan fino que apenas moja la ropa, y el aire está tan quieto, que el único viento que mueve las hojas marrones del otoño es el que provocan al pasar los coches, con sus bocinas, que hoy no se atreven a tocar. Ni los niños gritan, ni la gente se frota las manos. Hoy es uno de esos días perfectos en los que ni hace frío, y si lo hace, estamos demasiado dormidos para sentirlo. Hoy el alma estaba en calma. La niebla se disipa en las primeras horas y deja el aire puro, transparente, tan perfecto.
Puede que hoy sea un gran día.

15 de diciembre de 2012

Mi Paula.

Me pregunto si Paula me leerá alguna vez.
No Paula yo, que me llamo así, Paula ella, la que está al otro lado de la linea entre mi presente y mi pasado, la que en silencio se aleja de mi vida. Somos como dos extrañas. No, cuando la veo volvemos a ser nosotras. Ló sé, lo noto en el aire, y en la comisura de diamante de su boca. En los miedos deslizandose por su pelo de color cambiante, en las capas de las que se ha ido desprendiendo, como una pitón creciendo, ella ha crecido y en las capas de vida que se le han caído estaba yo, y puedo sentir las lagrimas bajo los párpados deseando salir y refrescar la piel quemada por el brillo de sus ojos. Somos otras, tan distintas, tan envueltas en otras vidas. Algo me dice que no le hablará a sus hijos de mi, como me prometió, y no me duele. No pasa nada, lo entiendo, quien querría hablar a sus hijos de la chica con la que descubrió el doloroso poder del amor. No, les hablará de su primer amor, de su primer novio, de como conoció al hombre de sus sueños... y de como lo perdió, o acaso se convirtió en el eje de su vida ? Y le dió una boda de Tiffany's, y ella olvidó haber escrito jamás en una agenda roja.
Yo nunca le hablo a nadie de ella. De ese pedazo secreto en mi corazón que la guarda y la envuelve. De ese simple recuerdo, de una niña peli-negra con buen sentido del amor. No dejo que nadie entre en ese recuerdo que es, no vayan a reirse, a entorpecerlo, a oscurecerlo con sus pensamientos. Por que nadie jamás en toda la tierra entendería el amor que vivimos Paula y yo, hace ya más de un año.