Los girasoles están tristes, mirando al suelo.
22 de agosto de 2013
20 de agosto de 2013
Hurt.
Mis ojos estaban reteniendo unas lagrimas que mi corazon no podia. Lloraba por dentro rota, sentia como todo se desvanecía allí en ese instante, y mi cuerpo amenazaba con dejar de responderme, ante la mirada nada atenta del hombre que me habia roto. Durante el largo silencio que nos separaba me sentí a kilometros de él, como si fueramos de planetas distintos, o mas bien como si fueramos dos planetas: yo marte y el júpiter. Cuando las luces de aquel pequeño cine se apagaron dejé de contener el aliento en una mezcla de alivio y dolor físico, y cayeron únicamente cuatro gotas de mis ojos. Dejé que corrieran por mi cara y se secaran en mis mejillas, nadie podia verme, nadie me miraba, ni él me miraba ni me iba a mirar. Supe con tristeza que él jamás entendería todo aquello, lo que suponia ver su mirada perdida en un lugar como aquel. Mi intención solo era llevarle a mi rincón, enseñarle algo de mi plasmado en una calle, en una cafeteria, y sobretodo que se abriera para mi... Como yo lo he hecho tantas veces. Después supe que en su interior vacío en ningun momento fue consciente de lo que estaba pasando a su lado. Sus ojos se pararon en los míos y aún así no vieron nada del dolor ni de la pena, y si lo vieron miró hacia otro lado, como siempre.
10 de agosto de 2013
Huyendo a toda prisa.
A veces simplemente es mejor cerrar los ojos y dar tantas vueltas que pensar sea imposible. A veces simplemente quiero esquivar la lucha, por que sé que perderé, y me niego a que me venzan, por que el dolor de la herida triunfante es soportable... pero saber que estoy tirada en el suelo sollozando mientras tú te alejas, esa herida, duele demasiado. Asique seguiré huyendo. Huyendo todo el tiempo, y si no me choco contigo de casualidad por que corro en circulos, entonces no volveremos a vernos.
