Mis ojos estaban reteniendo unas lagrimas que mi corazon no podia. Lloraba por dentro rota, sentia como todo se desvanecía allí en ese instante, y mi cuerpo amenazaba con dejar de responderme, ante la mirada nada atenta del hombre que me habia roto. Durante el largo silencio que nos separaba me sentí a kilometros de él, como si fueramos de planetas distintos, o mas bien como si fueramos dos planetas: yo marte y el júpiter. Cuando las luces de aquel pequeño cine se apagaron dejé de contener el aliento en una mezcla de alivio y dolor físico, y cayeron únicamente cuatro gotas de mis ojos. Dejé que corrieran por mi cara y se secaran en mis mejillas, nadie podia verme, nadie me miraba, ni él me miraba ni me iba a mirar. Supe con tristeza que él jamás entendería todo aquello, lo que suponia ver su mirada perdida en un lugar como aquel. Mi intención solo era llevarle a mi rincón, enseñarle algo de mi plasmado en una calle, en una cafeteria, y sobretodo que se abriera para mi... Como yo lo he hecho tantas veces. Después supe que en su interior vacío en ningun momento fue consciente de lo que estaba pasando a su lado. Sus ojos se pararon en los míos y aún así no vieron nada del dolor ni de la pena, y si lo vieron miró hacia otro lado, como siempre.
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