23 de mayo de 2014

A mi padre.

Él siempre tiene demasiadas cosas en la cabeza para mi, demasiado alcohol en la sangre para mi, siempre hay otra mujer en su vida para mi, siempre poco tiempo, poco espacio, pocas ganas para mi.
Nunca tuvo pelotas por mi, ni tuvo sensibilidad para mi, y aunque me miraba, nunca vio a través de mi. Somos dos desconocidos con recuerdos comunes, dos personas sin hilos que los unan más que la sangre, y profundas heridas mentales. No le bastaba con destrozar su vida, también tenía que destrozar la mía. Nunca ha tenido humildad ni decoro, ni un perdon para mi.
Y sin embargo siempre ha tenido obligaciones para mi, órdenes para mi, grandes sueños, grandes decepciones para mi, grandes promesas para mi, muchas responsabilidades y culpas para mi, y un perfecto plan de futuro en el que yo tenía que quererle siempre por encima de todo lo que tuvo y no tuvo para mi.

Yo tengo para él un gran silencio, un profundo miedo, una brecha en el corazón, una caja de traumas, y de nuevo más silencio putrefacto y hediondo, donde se pudren las súplicas, las lágrimas, las esperanzas,  y los recuerdos.

Yo espero que cuando muera, la muerte le de paz, descanso a un alma rota que lo rompe todo, yo espero que descanse sin más odio ni desilusión, sin más quejas ni reproches, espero que algún día la muerte te de la vida que has estado persiguiendo arrastrandome contigo.
Por que la vida solo te ha dado dolor, y solo me ha dado dolor, y a mi madre que escapó de ti, solo le diste una cosa que jamás te devolvió. Yo.

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