Es eterna en mi pecho la noche primera en que me dijiste te quiero. Es eterno el silencio que mis labios sellaron y en tus ojos fue infinito el dolor. Romeo, oh Romeo.
Dime Romeo, te obligué a olvidarme? Salió el sol en nuetra larga noche? Tras jurarme amor perenne y cambiar tu nombre por el suspiro de mi boca, que se cuela de tu pensamiento, has huído al ver el sol salir, o has tropezado con otro sol?
Dime si la amas como me amaste a mi Romeo, pero antes dime; me amaste alguna vez? Te di un beso que envenenó mi sangre y escarchó la tuya, pero el veneno rozó la herida abierta de mi pecho y el miedo a las lágrimas me hizo retroceder. Sé que esperaste, Romeo, pero el tiempo trae sus consecuencias y llegó la primavera, y con ella flores nuevas, y su aroma se llevó mi nombre de tu boca.
Y en esta noche horrible y precipitada, corta como un latido, espero en mi balcón a que interrumpas mis pensamientos, como hiciste aquella noche, y aunque haya perdido su destino la alondra y nunca amanezca, yo seguiré aquí mientras la besas con el amor que un día me entregaste, para después robarme.
Siempre, siempre, tuya:
Julieta.
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