21 de agosto de 2011

Tú eres el puñal.

Si me rompieras cada hueso, si desgarraras mi piel, si me mordieras hasta desangrarme y golpearas con piedras y palos mi cuerpo y mi cabeza, si me tiraras al suelo y me patearas, rompiéndome las costillas, partiéndome los labios y fracturandome la nariz, me harías menos daño. Me dolería menos que esto que me estás haciendo, tratándome como al pasado, como a un estorbo, como a aquello que queremos olvidar y apartamos, en rincon oscuro. Me dolería menos que me destriparas y me arrancaras los brazos y las piernas, porque ya me siento así, pero sin poder gritar, tragándome el dolor y las lágrimas, ya me siento así porque me estás tratando como si fuera una extraña. Una extraña a la que odias.
Pero ojalá pudiera ser yo la que te torturase. La que te colgara con clavos de los pulgares, la que te arrancara la piel a tiras y te arañase con mil cuchillas, la que abrasara tu cara con el fuego de mi dolor, y te rebanara los pezones, y acariciara con un hierro candente las heridas; cada vez que me trataras como a un despojo querría romperte la cara a puñetazos, y despedazarte con un hacha, para que sintieras exáctamente lo que yo siento.

1 comentario:

  1. no sabes de lo que hablas, hay rabia en ti pero apenas la conoces.
    aun asi, es cuando menos curioso.
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