Si me rompieras cada hueso, si desgarraras mi piel, si me mordieras hasta desangrarme y golpearas con piedras y palos mi cuerpo y mi cabeza, si me tiraras al suelo y me patearas, rompiéndome las costillas, partiéndome los labios y fracturandome la nariz, me harías menos daño. Me dolería menos que esto que me estás haciendo, tratándome como al pasado, como a un estorbo, como a aquello que queremos olvidar y apartamos, en rincon oscuro. Me dolería menos que me destriparas y me arrancaras los brazos y las piernas, porque ya me siento así, pero sin poder gritar, tragándome el dolor y las lágrimas, ya me siento así porque me estás tratando como si fuera una extraña. Una extraña a la que odias.
Pero ojalá pudiera ser yo la que te torturase. La que te colgara con clavos de los pulgares, la que te arrancara la piel a tiras y te arañase con mil cuchillas, la que abrasara tu cara con el fuego de mi dolor, y te rebanara los pezones, y acariciara con un hierro candente las heridas; cada vez que me trataras como a un despojo querría romperte la cara a puñetazos, y despedazarte con un hacha, para que sintieras exáctamente lo que yo siento.
no sabes de lo que hablas, hay rabia en ti pero apenas la conoces.
ResponderEliminaraun asi, es cuando menos curioso.
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