12 de agosto de 2012

Anticonceptivos seguros: el miedo.

Suena Pink Floyd de fondo, con ese toque antiguo que le da el vinilo rayado de tu padre.
Me acerco a ti y me zarandeas, acercando tu nariz a la mia, con movimientos suaves. Bailamos lentamente en una nube de humo. Me acerco ese cigarro a la boca sin dejar de mirarte.

- Es el último que te fumas - me dices por tercera vez - disfrútalo.

Sonrío y me sujeto a ti por que el tabaco siempre me marea. Fortuna, baja basto y áspero por mi garganta.
Está muy oscuro, ya son las 10 y las persianas están bajadas, las ventanas abiertas, ondean las cortinas beige.

Podemos quedarnos toda la tarde asomados a la ventana, medio ébrios, amandonos con tanta desesperación que la gente de la calle debe vernos brillar a kilómetros, podemos seguir aqui habiendo olvidado absolutamente todo lo demás, en esta habitación solo estamos tú y yo y la botella de vino. O puedes pedirme que no te deje nunca, puedes pedirme que se pare el timpo para poder estar juntos siempre, puedes pedirme que nunca te olvide y puedes jurarme que no lo harás. Puedes decirme todo lo que estas pensando cuando me miras así, como si yo fuera un eclipse que no soy.

- Y si aparezco de repente en tu vida cuando tengas 40 años?
- No, ni se te ocurra. Por que tendría que dejar a mi mujer y a mis hijos por ti, y lo haría. Si te marchas, no vuelvas. Sé que es imposible retenerte.

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