Y aquí sigo, mirando fijamente tu numbre junto a la luz verde que significa que estás conectado.
Y aquí sigo, mirándo la irritante luz que me recuerda que aunque estés ahí no me está permitido saludarte. Por tres razones básicas:
- Si quisieras hablar comigo ya me habrías saludado tú.
- No quiero parecer desesperada por hablarte, aunque lo esté.
- Tengo novio, tú lo sabes, y sería inadecuado.
Esto es una maldita tortura. Damn damn damn! Hoy mientra nos mirábamos, en el infinito pasillo de baldosas blancas apareció él y nos besamos. Delante de ti. Yo por mi parte, quise morir. Por que sabía que tú lo estabas viendo, sabía que eso mataba todas mis posibilidades, y sabía que probablemente te importara tan poco como te importo yo.
Maldita sea.
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