3 de noviembre de 2011

El Momentazo, 1ª parte.

Hace mucho tiempo, en una excursión escolar, una niña de pelo corto algo fea y soñadora se acercó a ese rubio tan guapo de melena sedosa y cuerpo escultural. Y aunque sabía que él jamás la vería, se  sentó muy cerca y recibió, como del cielo, un regalo milagroso, él la tocó. Su pierna tembló cuando él puso su mano encima y su cerebro perpadeó cuando él le guiñó un ojo. Un guiño, que sería el primero de muchos.
Y aquel momento sería recordado por ella para siempre, como: El Momentazo.

Aquella soñadora de pocas curvas y gafitas, le puso de nombre super-secreto Quesito. Algo ridículo, sí, pero dificil de averiguar, al menos.
Se pasaba los días persiguiéndole y pensando en él. Y su mejor amiga, llamemosla Ator, le dijo: "Querida amiga, no ves que Quesito es un mujeriego? No te conviene!"
Da igual, pensaba ella, aunque fuera el mejor chico del mundo, jamás se fijaría en mi.

Y quiso de nuevo el cielo, el desino o el universo, que un día normal, comiendo como todos los días, él se sentara a su lado, sonriendo.
Y desde aquel día hasta el último del curso, comieron juntos. Y se hicieron amigos. Y empezó a pasar su tiempo libre con él, y con sus amigos. Y Ator le decía: "Vas bien, vas muy bien!"
Incluso, empezaron las indirectas. Más que indirectas, empezaron los dardos, el tonteo. Los guiños en momentos muy oportunos, las frases de sus canciones favoritas, un "me gusta como tienes el pelo hoy" a lo que ella respondía "ya sabes que a mi me encanta tu pelo"; las insinuaciones, las bromas sobre temas... candentes. Ator estaba segura de que Quesito se había fijado en ella. De que aquello eran indirectas de algo más. A ella le parecía imposible. Intentó deshacerse de aquellas locuras, pero era demasiado tarde, lo que sentía por él ya no era solo atracción física, le gustaba de verdad.

Hasta que un día, sin más explicaciones, él llegó con una "buena" noticia. Tenía novia.
Ella no pudo soportarlo. Su visión miope tras las gafitas se nubló y se encharcó de lágrimas, su boca se secó y la ira más rencorosa y dolida nació en su pecho. Como se atrevía! Darle esperanzas para luego arrebatárselas! Y sin más explicaciones y tras una gran pelea sin sentido, dejó de hablarle. Comía mirando al horizonte, ajena a la conversación de él. Más de una vez le pilló contándole a sus amigos la pelea. Un día, mientras sudaban metidos en el chandal de uniforme, en la clase de deporte, la profesora tuvo una mala idea, les puso juntos.
Quesito, sin ni siquiera saber por qué lo hacía, le pidió perdon una y otra vez, con todas las carantoñas que pudo. Ella hizo esfuerzos por ignorarle, pero era dificil. Algo raro estaba pasando. Él preguntaba "que te pasa conmigo?" pero cuando ella respondía "me caes mal, no soporto tu manera de tratar a las tías" con voz ahogada por el esfuerzo de correr y hablar al mismo tiempo, él volvía a repetir con una sonrisa "pero QUÉ te pasa CONMIGO?".

La pobre empezó a preocuparse. Sabría él algo? Entonces, a punto de acabar la clase, el la cogió por los hombros, la miro fijamente y le dijo "Tú sabes a que me refiero, por que no me dices lo que te pasa y punto?" Ella, asustada y a la defensiva, estalló, y de un grito le soltó que estaba harta de que se creyera superior a todo el mundo, de que pensara que todas las tías estaban a su disposición y que nos podía tratar como a un pañuelo, de usar y tirar, y mofarse con sus amigotes de todo aquello.
Quesito parecía dolido. "Eso es lo que crees?" "Sí!"

Horas después, sin ninguna delicadeza y atravesandola con su fría indiferencia, le dedicó estas palabras:

"Lo que pasa es que estás coladita por mi, a ver si te crees que la gente no habla. Y es tu problema por ir contándoselo a todo el mundo. No es mi culpa si estás amargada por no haber podido decírmelo antes."
Y.... Telón.

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