21 de noviembre de 2011

Pondré la otra mejilla.

Hoy me he sentido débil, más que en toda mi vida.
Fui yo la que encontré en el ballet una fascinación mágica, una excitación inhumana. Fui yo la que decidí luchar por poder bailar vestida de licra, fui yo la que lo logré aunque todos iban en mi contra, la que buscó el apoyo de aquellos que quisieran comprender que para mi, bailar, no era sino una manera de caminar y de vivir.
Y soy yo misma, maldita sea, a la que han vencido. Mis piernas no me responden. Me creía ágil, me chuleaba de "aprender rápido", de saber coordinar un par de movimientos, pero mis piernas no me responden. Y por primera vez, se me ha hecho un nudo en el estomago y otro en la garganta y he salido la primera, deseando arrancarme el traje, deseando olvidar que yo, yo,"bailo ballet".

He intentado pensar con claridad. Yo no soy de las que se rinden, me he dicho. Yo no soy de las que se acomplejan, oh vamos, soy más fuerte que eso, me he dicho. Pero no ha valido para nada. No podía evitar la sensación de rigidez, de mirarme en el espejo y sentir que mi cuepo no está hecho para esto. Maldita sea.

Y ella.
Ella es la prueba de que no es mi falta de experiencia, pues lleva el mismo tiempo que yo bailando y en dos repeticiones se desliza sobre el suelo con facilidad. un pequeño giro, inclina la mano, se mueve con un saltito y cae en perfecta posicion y con la vista al frente. No le cuesta ningún esfuerzo y tampoco es que le preocupe demasiado. Es esa manera de moverse que yo, estúpida, decía poseer. Libertad, es lo que tiene.

Y el problema, es mío. Y no pienso decírselo a nadie. No pienso hacerlo. Voy a cerrar fuerte los ojos y a pensar que hasta el lunes que viene, no tengo que volver, y voy a cerrar fuerte la boca y no admitir ante NADIE que tengo miedo, que estoy confusa, y cada lunes afrontaré la necesidad de humillarme a mi misma, con tal de que no me humillen los demás. Ni un solo "te lo dije" ni un "ya lo conseguirás".

No hay crítico más fuerte que tu mismo.

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