Que puedo decir que no os imaginéis.
Después de que la playa aturdiera mis sentidos una noche y me hiciera pensar que tus ojos y tus manos hablaban de mi cuerpo, después de que pasaras de mi después de descubrir que la tocaste y la deseaste, que intentaste besarla, y después de llegar a mi casa con los ojos rojos, los labios hinchados, enferma y desganada, una vocecita en mi cabeza, el pepito grillo que la primera vez que te vi me dijo "Aléjate!!" y al cual no escuché, resurgió de las profundidades en las que lo enterré una vez. Y me habló. Y me dijo, alto y claro:
- Mátale. Es la única manera de acabar con él.
Y eso hice. Asesiné tu presencia de mi vida, desapareciste. Prohibí a mis amigos volver a mencionarte, destruí tus fotos, tus sms's, tu número de mi agenda. Nadie hubiera podido decir que alguna vez te había conocido.
Pasé el mejor verano de mi vida. Sin amores de verano, es cierto, sin playa, porque yo misma lo decidí así. Pero y qué mas da? Me tiraba al sol cada día, con los auriculkares a todo volumen, una revista y productos para la piel. Salkí de fiesta fumé y bebí y olvidé por completo que tu existías o que yo alguna vez te había necesitado. Hasta que Pepito Grillo habló de nuevo.
- Es la hora de la verdad - me dijo - Apenas quedan unas semanas para que empiece tu nueva vida.
Y hubiera sido perfecto, si él ni hubiera estado allí. Llegó un poco más tarde, con su chulería habitual, y cara de despiste eterno. No sentí nada. Ni excitaión, ni palpitaciones, ni emoción, ni tampoco odio. Y ya se sabe lo que dicen, lo contrario al amor no es el odio, sino la indiferencia.
Pero ah, amigos, nada es para siempre.
Y un buen día, cuando pensé que nuestra historia estaba cerrada y cosida, y le hablé de otro chico, le hablé de un sentimiento real, cuando le abrí un poco las puertas de mi delicada intimidad, bombardeó el muro en el que guardé todo lo que sentía por el, y este se derrumbó como un castillo de arena. Estalló la burbuja y se me inundó la sangre del olor de su piel, de las palabras caídas de su boca, y de sus mentiras. Maldita, maldita sea, nunca jamás dejaré de ser adicta a él.
Y el verdadero final de esta historia nunca será escrito. Podría escribir cada pensamiento y sentimiento que tenga hacia él, o cada vez que le vea pero lo cierto es que, a excepción de mi gran amor, si es que llega algún día, ningún otro clavo sacará esta estaca, ningúna cuarentena anulará esta drogodependencia, y nunca jamás tendré voluntad propia, por que si él me dice "ven", no importará el tiempo que halla pasado, iré aunque tenga que caminar sobre brasas para alcanzarle.
Es la triste y maldita realidad. Pero de momento, te esquivaré para ser feliz :)

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